Triunfo del vino de Alicante

Categorías: Comercial

Ubicación: La Oliva

Medios: Agencias de Noticias

 
El camino no ha sido fácil para los vinos alicantinos, que han tenido que abrirse paso en medio de la dura competencia de gigantes como Rioja o Ribera del Duero. Pero tras años de dura travesía, la situación actual del sector provincial es más que esperanzadora. Así lo manifestaba el secretario de la Denominación de Origen Vinos de Alicante, Eladio Martín, quien incidía en el hecho de que «hemos atravesado años importantes para la definición del sector y en estos momentos, cuando además se empieza a superar la crisis económica, nos encontramos con que contamos con bodegas fuertes y estables, vinculadas con la tradición pero, al mismo tiempo, comprometidas con las exigencias de los nuevos mercados».
La Denominación de Origen, en concreto, cuenta con 40 bodegas certificadas, de las cuáles 16 son cooperativas, y que han dado un paso al frente importantísimo en la modernización de sus instalaciones y también en la formación de sus enólogos, situados al nivel de los mejores.
La producción prevista en esta campaña es de 150.000 hectolitros, consecuencia de los 32,5 millones de kilos de uva que se han vendimiado en las 10.100 hectáreas de la provincia. La mitad del vino es a granel y el resto embotellado, y un 25% del total va a parar a la exportación, con destinos tan exigentes como Estados Unidos, Alemania, China, Canadá, Corea del Sur, Taiwán o Hong Kong, entre muchos otros.
La repercusión económica a nivel de ocupación también es cada vez más importante, toda vez que el sector genera 200 empleos directos, a los que hay que sumar los 2.000 viticultores que trabajan para las bodegas y las 3.000 personas más que son contratadas durante la vendimia. «A todo ello –apuntó Martín– hay que sumar la sostenibilidad mediambiental que el cultivo de los viñedos supone para algunas comarcas».
Pese a que el cambio en los últimos tiempos ha sido más que sustancial, todavía queda un camino por recorrer, sobre todo en lo que respecta a la comercialización. De ahí la campaña de difusión puesta en marcha a iniciativa de las propias bodegas, y que se centra en promover el consumo de vino alicantino en la propia provincia. «Por historia, cultura y calidad –enfatizaba–, Alicante debería ser una región orgullosa de sus vinos, y en eso es en lo que estamos intentando incidir, no sólo involucrando a los consumidores, sino también a los restauradores y a los puntos de venta, para que tengan cada vez más en cuenta los caldos que se elaboran en la provincia».
La campaña, además, se ha hecho coincidir con la llegada de la campaña navideña, la época de mayor consumo y en la que el sector se juega una parte muy importante de sus resultados. De hecho, se prevé vender el 40% de la producción. Eladio Marín destacaba que «estamos ante la campaña más importante por el tirón comercial y publicitario. España, por tradición, pide vino en Navidad, y las expectativas que manejamos son muy positivas».
Pese a que la revolución se ha dado de manera más generalizada en los últimos 15 años, hay bodegas que llevan bastante más tiempo desempeñando un papel fundamental en el crecimiento del sector alicantino. Este es el caso de Bocopa, una cooperativa de segundo grado con sedes en Sax, La Romana, Castalla, Cañada y Petrer, que se ha convertido en la principal productora de vino de la provincia con cerca de cinco millones de botellas anuales, y que se distingue por su imagen de marca y sus campañas publicitarias agresivas.
Fue en 1987 cuando Bocopa empezó a funcionar, según destacaba su director gerente, Gaspar Tomás, con una visión de economía social. «En aquella época sólo se producía vino a granel, y decidimos dar un paso adelante para por un lado, dar una renta digna a los viticultores y, por otro, impedir que se siguiesen arrancando viñedos. En la actualidad, la cooperativa cuenta con 250 viticultores y 1.000 hectáreas, y se ha convertido en la número uno en ventas. De hecho, el 50% del vino que elabora la Denominación de Origen es de Bocopa».
La cooperativa está apostando por las dos variedades más tradicionales y distintivas de Alicante, como son la moscatel en el caso de los blancos, con el Marina Alta como principal estandarte, y la monastrell en el de los tintos, con la gama Laudum en primera línea. Esta dinámica de apostar por las citadas variedades se está generalizando en una gran parte de las bodegas de la provincia.
Respecto a la situación en la que se encuentran los vinos alicantinos en estos momentos, Tomás no dudaba a la hora de señalar que «están a la altura de cualquiera de la competencia. Nosotros, sin ir más lejos, hemos logrado más de 400 medallas en los más prestigiosos concursos internacionales, porque los vinos tienen una personalidad propia y donde van dejan huella».
Pese a todo, considera que todavía queda un camino por recorrer. Según sus palabras, «en la provincia ya hemos conseguido unos vinos excelentes, y ahora lo que tenemos que hacer es darnos codazos y desplazar a la competencia que a lo largo de los años se ha instalado en la provincia». Para Gaspar Tomás, «nos tenemos que sentir orgullosos de nuestros vinos y de su gran diversidad, porque tenemos de toda clase y caldos únicos en el mundo, como el fondillón».
Otra bodega que es todo un ejemplo, en este caso por la enorme calidad que han alcanzado sus vinos, algunos de ellos en los primeros puestos de las más prestigiosas guías, es Enrique Mendoza. Se trata de una marca que lleva 30 años en el mercado y que en la actualidad produce unas 450.000 botellas anuales procedentes de la uva recogida en 120 hectáreas situadas en l'Alfàs del Pi y Villena. Su enólogo, Pepe Mendoza, coincide en que los vinos alicantinos cuentan cada vez con mayor calidad, «pero todavía necesitamos 15 o 20 años más de trabajo. A los valencianos nos pasa a veces que enseguida nos creemos los mejores, pero tenemos que seguir insistiendo y, sobre todo, conservando los viñedos, principalmente los de las variedades más tradicionales, caso de la moscatel y la monastrell».
En este sentido, considera absolutamente fundamental «pagar mejor a los agricultores, porque en la actualidad se les da una miseria. Es la única forma de mantener las viñas viejas y también el entramado social y cultural del vino. Cada viña que se arranca es ADN alicantino que se pierde».
Mendoza destaca que «los vinos de la provincia se han quitado de encima muchos estigmas, como que envejecían mal, tenían mucha graduación o eran bastos como los vinos tintos de becker pina. Ahora a los mercados internacionales les gusta cada vez más lo que hacemos. El vino alicantino tiene ese olor a Mariola, a hierbas aromáticas, que se representa en copa. Tenemos que aprovechar esa originalidad, porque de esta forma tendremos muchas más oportunidades».
Marcas como Santa Rosa o Estrecho, producidas por Enrique Mendoza, se han convertido en auténticos mitos al ocupar los primeros puestos en la valoración de la Guía Parker y recibir los elogios de los más expertos sumilleres. Pero la bodega no pierde de vista «vinos más democráticos, como La Tremenda, que se puede encontrar en los supermercados por seis o siete euros. Tenemos vinos caros, pero lo que me gusta es tener caldos más asequibles».
Aparte de las 40 bodegas incluidas en la Denominación de Origen, hay otras cuatro en la provincia que no forman parte de ella. Destaca el Celler la Muntanya de Muro, por su proyecto microviñas, mientras que el resto están en Sella, Hondón de los Frailes y Parcent.

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